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6 jun. 2011

Sookie 11 - Capitulo 9

Sookie 11 - Capitulo 9


Debería haberlo previsto… me lo repetí por la décima o vigésima vez. Me apuro a hacer cosas para las que me debería preparar. Al menos, debería haber llamado a Eric y avisarle de lo que iba a pasar. Pero me temí que pudiese convencerme de no hacerlo, y tenía que saber realmente lo que sentía por él.
Ahora mismo, Eric estaba enfadado conmigo. Estaba extremadamente enojado. Por un lado, no lo culpaba. Se suponía que estábamos enamorados y eso implica consultarse mutuamente, ¿verdad?; pero, por otro lado, me sobran los dedos de la una mano para contar las veces que Eric me consultó algo. Por lo que a ratos lo culpaba por su reacción. Por supuesto que él nunca me hubiese dejado hacerlo, y yo tampoco sabría lo que debía saber.


Me encontraba saltando de una opción a la otra mentalmente cuando finalmente decidí que había hecho lo correcto.
Pero estaba preocupada y angustiada independientemente de la opción en la que me encontrase en el momento.
Bob y Amelia estaban debatiendo en su habitación, y como resultado decidieron quedarse un día más “para ver qué pasa”. Me daba cuenta de que Amelia estaba preocupada. Pensaba que debería haber sugerido su idea un poco más sutilmente, en vez de alentarme a que me tirara de cabeza. Bob, en cambio, pensaba que éramos tontas, pero fue lo suficientemente inteligente como para no decirlo. Aunque, no paraba de pensarlo, y aunque él no era tan claro de leer como Amelia, lo podía ver.
Fui a trabajar al día siguiente, pero estaba tan distraída, me sentía tan miserable y había tan poca gente que Sam me dijo que me fuera a casa temprano. India me dio unos golpecitos en el hombro y me dijo que me lo tome con calma, término que me cuesta aceptar.
Esa noche, Eric vino una hora después de la puesta del sol. Vino en coche, por lo que tuvimos suficiente aviso. Esperaba que viniese y estaba bastante segura de que se habría tranquilizado un poco. Justo después de la cena les pregunté a Bob y Amelia si querían ir al cine en Clarice.
“¿Seguro que estarás bien?” me preguntó Amelia, “porque podemos quedarnos si crees que todavía estará enojado”, si antes se había puesto contenta, ya no lo estaba.
“No sé cómo se siente” dije, todavía me aturdía la idea. “Pero, creo que vendrá esta noche. Seguramente todo saldrá mejor si no estás aquí para enojarlo más”.
Bob, al escuchar eso, se había irritado, pero Amelia asintió.”Espero que todavía me consideres tu amiga”, dijo, y por una vez no vi venir sus pensamientos, “es decir, creo que la he cagado, pero no era mi intención, sólo quería liberarte”.
“Entiendo, y todavía te considero una de mis mejores amigas”, dije del modo más tranquilizador posible. Si yo no tenía una voluntad lo suficientemente fuerte como para no actuar conforme a los impulsos de Amelia, era mi problema.
Estaba sola, sentada en el porche de la entrada, en ese humor tan lúgubre cuando te acuerdas de todos tus errores y de ninguno de tus aciertos, cuando vi las luces del coche de Eric aparecer por el camino de entrada.
No me esperaba que dudara cuando salió del coche.
“¿Sigues enojado?” pregunté, intentando no llorar. Llorar sería cobarde, estaba intentando tomar coraje.
“¿Todavía me amas?” preguntó él.
“Tu primero”, niñerías.
“No estoy enojado”, dijo, “al menos, ya no. Debería haberte apoyado a que buscaras una forma de romper el vínculo, y de hecho tenemos un ritual para eso. Debería habértelo ofrecido. Tenía miedo que sin el vínculo, nos hubiésemos separado, si bien porque no querías involucrarte en mis problemas o porque Victor se enteraría que eras vulnerable. Si él eligiese ignorar el matrimonio, sin nuestro vínculo yo no sabré si estas en peligro”.
“Debería haberte preguntado que pensabas, o al menos advertirte de que pasaría”, dije, respiré hondo, “Sí te amo, por mí misma”.
Y ya estaba conmigo en el porche, y levantándome y besándome, besando mis labios, mi cuello, mis hombros. Me elevó del suelo y me sostuvo lo suficientemente alto como para que sus labios encontraran mis pechos detrás de la camiseta y sostén.
Pegué un pequeño gripo y balanceé mis piernas hasta que encajaron a su alrededor. Me froté contra él tanto como pude. Eric ama el sexo animal.
Dijo, “te desgarraré la ropa”.
“Ok”
E hizo lo que dijo.
Después de una minutos muy excitantes dijo, “Las mías también”.
“Seguro”, murmuré antes de mordisquear el lóbulo de la oreja. Él gruñó. El sexo con Eric no era nada civilizado.
Escuché que algo se desgarraba, y luego no teníamos nada entre nosotros. Lo tenía dentro de mí, muy dentro mío, y fuimos hacia la hamaca del porche tambaleándonos. La hamaca comenzó a mecerse erráticamente. Después de los primeros momentos de sorpresa, comenzamos a seguir el ritmo. Seguimos así por un largo rato hasta que comencé a sentir como aumentaba la tensión, esa sensación de estar casi a punto de liberarse.
“Más fuerte”, dije, “más, más…”
“¿Así… está… bien?”
Pegué un gripo fuerte, y dejé caer mi cabeza hacia atrás.
“Vamos, Eric”, dije mientras todavía sentía las réplicas que me recorrían el cuerpo. “¡Vamos Eric!” y me moví más rápido de lo que pensé posible.
“Sookie!” dijo jadeante y me dio un último empujón seguido por un sonido que podría haber creído animal si no lo conociese.
Fue magnífico, cansador, y totalmente excelente.
Nos quedamos en la hamaca por unos treinta minutos, recuperándonos, descansando, abrazándonos. Estaba tan contenta y relajada que no me quería mover, pero por supuesto que tenía que ir adentro a limpiarme y ponerme algo de ropa que no estuviese desgarrada. Eric sólo había desgarrado el botón de los jeans, y los podía cerrar con el cinturón, que había logrado desabrocharse antes de que llegáramos a la parte de desgarrarnos las ropas. El cierre todavía funcionaba.
Mientras me arreglaba, calentó sangre y me preparó una compresa fría y un vaso de té helado. Me puso la compresa fría él mismo mientras yo estaba recostada en el sofá. Pensé, tenía razón en romper el vínculo. Y era un alivio no saber cómo se sentía Eric, aunque al mismo tiempo temía que hubiese algo mal en mi alivio.
Hablamos de pequeñeces por unos minutos. Me cepilló el pelo, que estaba lleno de nudos, y yo cepillé el suyo. (los monos se buscan salitre, creo; nosotros nos arreglábamos). Cuando dejé su pelo suave y brillante, él tendió mis piernas sobre su regazo. Me acariciaba de arriba abajo, desde el borde de los pantaloncillos hasta los pies, una y otra vez.
“¿Te ha dicho algo Victor?” no pretendía volver a hablar de lo que había hecho, aunque habíamos empezado explosivamente.
“Sobre el vínculo no, por lo que no lo sabe todavía. Me habría llamado inmediatamente por teléfono.” Eric apoyó su cabeza en el respaldo del sofá, tenía los párpados a medio cerrar. La relajación postcoital.
Eso era un alivio. “¿Cómo está Miriam? ¿Se recuperó?”
“Se recuperó de las drogas que le dio Victor, pero está peor de su enfermedad. Pam está a punto de desesperarse como nunca la he visto”.
“¿Cómo empezó su relación con Miriam, fue algo lento, verdad? Porque no me enteré hasta que Immanuel no me lo dijo.”
“Pam, por lo general, no se interesa por nadie, no como se interesa por Miriam” dijo. Movió su cabeza para mirarme a los ojos. “Yo apenas me enteré cuando comenzó a pedir tiempo libre en el club para poder visitar a Miriam en el hospital. Además, le dio sangre, que es la única razón por la que duró tanto”.
“¿La sangre de vampiro no la puede curar?”
“Nuestra sangre es buena para curar heridas abiertas”, dijo Eric, “Para las enfermedades, puede ofrecer algo de alivio, pero rara vez curar”
“Me pregunto por qué”
Eric se encogió de hombros. “Estoy seguro que alguno de tus científicos debe tener una teoría, pero yo no. Y ya que algunas personas se vuelven locas cuando usan nuestra sangre, el riesgo es muy grande. Yo era feliz cuando las propiedades de nuestra sangre eran un secreto, pero supongo que no se podía mantener así por mucho tiempo. Efectivamente, Victor no está preocupado por la supervivencia de Miriam o el hecho de que Pam nunca haya pedido permiso para hacer un hijo antes. Después de todos estos años de servicio, Pam se merece poder hacerlo.”
“¿Victor no le deja a Pam tener a Miriam por pura terquedad?”
Eric afirmaba. “Tiene una escusa de mierda diciendo que ya hay demasiados vampiros en la comarca, cuando en realidad la cantidad de vampiros es baja. La realidad es que Victor nos va a bloquear en cualquier manera mientras pueda, a la espera de que yo haga algo lo suficientemente imprudente como para que él me pueda retirar el cargo de comisario o matarme”.
“Seguro que Felipe no dejaría que eso ocurra”.
Eric me subió a su regazo y colocó mi cabeza sobre su pecho frio. Todavía tenía la camisa abierta. “Felipe juzgaría favorablemente a Pam si él estuviese aquí, pero estoy seguro de que quiere evitar la situación si es que puede. Es lo que yo haría. Está estableciendo a Red Rita en Arkansas, que nunca rigió, él sabe que Victor está enojado porque lo nombraron regente y no rey de Louisiana; además, él está ocupado en Las Vegas, donde está rigiendo con muy pocos súbditos ya que ha enviado a la mayoría de su gente a los dos estados nuevos. Ya hace cientos de años que no se consolida un imperio tan grande, y la última vez que se hizo la población era sólo una fracción de lo que es hoy.”
“Entonces, ¿Felipe sigue con el control total de Nevada?”
“Si, por ahora.”
“Eso sonó siniestro”.
“Cuando se dispersa mucho a los líderes, los tiburones van al acecho a ver si pueden conseguir algo”.
Una imagen mental desagradable.
“¿Qué tiburones? ¿Alguien que conozcamos?”
 Eric miró hacia otro lado. “Otros dos monarcas en Zeus. La Reina de Oklahoma es una y el otro es el Rey de Arizona”. Los vampiros había dividido América en cuatro territorios con nombre de religiones antiguas. Pretencioso, ¿verdad? Yo vivo en el terririo Amun, en el Reino de Louisiana.
“Desearía que fueses un vampiro común” dije de la nada. “Desearía que no fueses comisario ni nada”.
“Te refieres a que fuese como Bill”.
Ouch, “No, porque él no es común, tampoco”, dije bruscamente “tiene todo el tema de la base de datos, y aprendió muchísimo de computadoras. Como que se reinventó. Lo que intento decir es que preferiría que fueses más como… Maxwell”.
Maxwell era un hombre de negocios. Usaba trajes. Llegaba a la oficina del club sin ningún entusiasmo, y mostraba sus colmillos sin el drama que venían a buscar los turistas. Era aburrido, y muy recto, aunque de vez en cuando presentía que su vida personal era un poco más exótica. Sin embargo no tenía interés en averiguar más sobre el tema.
Eric me puso los ojos en blanco, “Por supuesto que soy como Maxwell. Deja que empiece a llevar una calculadora, y aburra a la gente hablando de “anualidades variables” o de lo que mierda hable él.”
“Entiendo lo que me dices, Don Sutil” le dije. La compresa fría ya había hecho todo lo que podía, por lo que me la saqué de mi palacio de la felicidad y la dejé en la mesa.
Esta era la conversación más relajada que habíamos tenido desde siempre.
“¿Ves, no es divertido?” dije, intentando hacer que Eric admita que yo había hecho bien aunque la forma no era la correcta.
“Si, tan divertido. Hasta que Victor te secuestre, te deje seca y luego diga, “Pero Eric, ya no estaba vinculada a ti, por lo que pensé que ¡ya no la querías!” y luego te convertirá aunque no quieras, y yo tendré que verte sufrir vinculada a él por el resto de tu vida y la mía.”
“¡Sí que sabes cómo hacer sentir especial a una chica!” dije.
“Te amo” dijo, como si se estuviese recordando a él mismo de un hecho doloroso. “Y esta situación con Pam no tiene fin. Si esta chica, Miriam, muere, Pam podría decidir irse y no podré pararla. De hecho, no debería. Aunque ha sido muy útil”.
“Le tienes cariño” dije, “Vamos Eric, la amas, es tu hija”.
“Si, le tengo mucho cariño a Pam”, dijo “hice una gran elección. Tú fuiste mi otra gran elección.”
“Esa es una de las cosas más lindas que alguien me ha dicho nunca” le dije, quedándome sin habla.
“¡no llores!” dijo sacudiendo las manos delante de mi cara como para evitar que llorase.
Respiré hondo. “Entonces, ¿Tienes algún plan para Victor?” usé el faldón de la camisa de Eric para secarme los ojos.
Eric cada vez se ponía más adusto. “Cada vez que hago uno, me encuentro con obstáculo tan grande que tengo que desechar el plan. Victor en muy bueno protegiéndose. Puede que tenga que atacarlo abiertamente. Si lo mato, gano, y luego tendré que ir a juicio”.
Yo temblaba, “Eric, si peleases con Victor solo, sin armas, en una habitación vacía, ¿cuál crees que podría llegar a ser el resultado?”
“Es muy bueno”, dijo Eric. Y eso fue todo lo que dijo.
“¿Podría ganar?” dije, pensando en la posibilidad en voz alta.
“Si” dijo Eric, me miró a los ojos, “y que les pasaría a ti y a Pam luego…”
“No estoy olvidando que tu estarías muerto, que sería lo más importante para mí en ese caso” dije “Pero me pregunto por qué se aseguraría de lastimar a Pam y a mí. ¿Qué sentido tendría?”
“El sentido sería el mensaje que estaría enviando a otros vampiros que pensaran en destronarlo” Eric posó los ojos en el mantel, lleno de fotos de los Stackhouse. No quería mirarme a la cara para decirme lo que tenía que decirme, “Heidi me contó que dos años atrás, cuando Victor esa comisario de Nevada, en Reno… un vampiro nuevo, Chico, le respondió mal. El padre de Chico estaba muerto, pero su madre vivía, y se había casado nuevamente y tenía otros hijos. Victor la secuestró. Y para corregir a Chico, le cortó la lengua a la madre mientras Chico miraba y luego se la hizo comer.”
Era tan perturbador, que me costaba entenderlo. “los vampiros no pueden comer” dije, ¿Qué…?”
“Chico se puso tan enfermo que hasta vomitó sangre” dijo Eric. Aún no me miraba a los ojos. “Estaba demasiado débil para moverse, y mientras yacía en el piso su madre murió desangrada. No pudo ni gatear hasta donde estaba para darle sangre y salvarla”.
“¿Heidi te contó esta historia voluntariamente?”
“Si. Yo le pregunté por qué estaba tan agradecida de que la hayan mandado al Área cinco.”
Heidi, era una vampiro que se especializaba en rastreo, se había convertido en parte del equipo de Eric por cortesía de Victor. Por supuesto que se suponía que espiaba a Eric, y como no era un secreto, a nadie parecía importarle. Yo no conocía bien a Heidi, pero sabía que tenía un hijo vivo y adicto en Reno; por lo que no me sorprendía que le hubiese afectado tanto la lección de Victor. Saber eso, haría que cualquier vampiro con parientes vivos, o con algún amor vivo, temiese a Victor. Pero también lo odiarían y lo querrían muerto –y este era el aspecto que Victor no había considerado, creo, cuando decidió dar esa lección.
“Victor tiene poca visión a futuro o es demasiado presuntuoso” concluí en voz alta, y Eric lo confirmó.
“Quizás ambos” dijo.
“¿Cómo te sentiste cuando escuchaste la historia?” le pregunté.
“Yo… no quise que eso te pasara a ti.” Dijo. Puso cara de desconcierto. “¿Qué estás buscando Sookie? ¿Qué respuesta quieres que te de?”
Aunque sabía que era inútil, sabía que le pedía peras al olmo, esperaba me demuestre repugnancia moral. Quería un “yo nunca sería tan cruel con una mujer y su hijo”.
 También quería que un vampiro de uno mil años se compungiera por la muerte de una mujer que no conocía, una muerte que no podía haber prevenido, sabía que era una locura, estaba mal, y peor que yo estuviese complotando para matar a Victor. Su ausencia total era lo que quería. Estoy segura que si Pam llamaba para decir que se le había caído una caja fuerte en la cabeza a Victor, yo bailaría de contenta.
“Está bien” dije “No te preocupes”.
Eric me miró preocupado. No podía saber que tan descontenta estaba, no ahora que había roto el vínculo. Pero me conocía lo suficiente para ver que no estaba contenta, me forcé a continuar hablando del problema que teníamos. “Sabes con quién deberías hablar”, dije, “Te acuerdas la noche en que fuimos a Vampire Kiss, el camarero que me avisó de la sangre de hada con sólo una mirada y su pensamiento”.
Eric asintió.
“Odiaría tener que meterlo en esto aún más. Pero no veo otra forma. Tenemos que usar todo lo que tenemos o nos vamos a pique”.
“A veces” dijo Eric, “me sorprendes”.
A veces, y no siempre de forma positiva, me sorprendo a mí misma.
Eric y yo volvimos a Vampire Kiss. El estacionamiento estaba lleno, pero no tanto como la vez anterior. Estacionamos en la parte trasera del club. Si Víctor estaba en el club esa noche, no había razón alguna para que revise el estacionamiento de empleados, y tenía razón alguna para recordar que auto era el mío. Mientras esperábamos, Amelia me mandó un mensaje de texto diciéndome que estaba de vuelta en casa y preguntando como estaba.
“Estoy bien”, escribí, “Estamos bien, ¿volvieron C y D?”
“Si”, contestó, “oliendo el porche, no sé porqué. ¡Estas Hadas! ¿Tienes las llaves?”
Le dije que si, pero que no estaba segura de que volvería esa noche a casa. Estábamos un poco más cerca de Shreveport que de Bon Temps, y tenía que llevar a Eric a su casa a menos que volase. Pero su auto estaría… Bueno, para eso tenía tu chico de día.
“¿Ya reemplazaste a Bobby?” pregunté. Odio tener que preguntar temas delicados, pero quería saber.
“Si” dijo Eric. “Contraté un hombre hace dos días. Vino muy recomendado”.
“¿Por quién?”
Hubo un silencio. Miré a mi amor, instantáneamente curiosa. Por mi vida que no entendía porque esa era una pregunta crítica.
“Por Bubba”, dijo Eric.
Podía sentir la gran sonrisa en mi cara. “¡Ha vuelto!¿Dónde se está quedando?”
“Por ahora, se queda conmigo”, dijo Eric, “Cuando preguntó por Bobby, tuve que decirle lo que había pasado. La noche siguiente, me trajo a esta persona. Se le puede enseñar, creo”.
“No pareces muy entusiasmado”.
“Es un hombre lobo”, dijo Eric y pude entender instantáneamente su actitud. Los hombres-lobo y los vampiros no se llevaban muy bien. Uno pensaría que por ser los dos grupos más grandes de super-naturales podrían aliarse, pero no. Son capaces de cooperar en algún proyecto que sea de beneficio mutuo por un corto tiempo, pero luego vuelven a no confiar y al desagrado mutuo.
“Cuéntame de él” dije, “Me refiero a tu asistente”. No teníamos nada más que hacer, y últimamente no habíamos tenido mucho tiempo para conversar.
“Es un hombre negro” dijo Eric como si dijese que tenía los ojos marrones. Eric recordaba, vivamente, al primer hombre de color que había visto… hace siglos. “Es un lobo solitario, no está afiliado. Alcide ha intentado de que se una a la manada Long Tooth, pero no creo que a él le interese, y por supuesto que ahora que tiene un trabajo conmigo, no estarán tan ansiosos por que se una a ellos.”
“¿Y tu contrataste a este hombre? ¿Un hombre lobo, a quién no confías y tienes que entrenar? ¿Alguien que automáticamente molestará a Alcide y a su manada?”
“Tiene un atributo impresionante” dijo Eric.
“Bien, ¿Cuál es?”
“Sabe cerrar la boca. Y odia a Victor”, dijo Eric.
Eso cambió el campo de juego. “¿Por qué?” pregunté. “Quiero asumir que tiene su buena razón”
“Todavía no sé cuál es”.
“Pero, ¿estás convencido de que no está tramando un golpe doble, que Victor no fue lo suficientemente inteligente para saber que contratarías a alguien que lo odiase a él, por lo que preparó a este tipo y te lo envió?”
“Estoy convencido” dijo Eric. “Pero quiero que te sientes con él un rato mañana”.
“Si es que logro dormir algo” dije, abriendo la boca tan grande al bostezar que mi mandíbula corría el riesgo de romperse. Eran más de las dos de la mañana, y ya habíamos visto señales de que el bar estaba cerrando, pero muchos de los coches de los empleados todavía seguían a la espera de sus dueños. “¡Oh, Eric, ahí está! Apenas reconocí al camarero llamado Colton porque llevaba puestos unos pantalones cargo cortos de color kaki, ojotas y una camiseta verde con un diseño que no logré distinguir. Como que extrañaba el taparrabos. Arranqué mi coche detrás de Colton, y cuando él salió del estacionamiento esperé un momento y lo seguí. Dobló a la derecha en dirección a la calle de acceso; se dirigía hacia Shreveport. Pero, no fue muy lejos. Salió de la interestatal en Haughton.
“Llamamos bastante la atención” dije.
“Tenemos que hablar con él”
“¿Abandonamos el sigilo entonces?”
Eric dijo, “Si”. No estaba contento al respecto, pero no teníamos muchas opciones.
El coche de Colton, un Dodge Charger que había estado mejor en otro tiempo, entró en un caminito de una casa en una calle pequeña. Paró delante de un tráiler de buen tamaño. Se bajó y se quedó junto al coche. Tenía la mano a un costado suyo y estaba bastante segura que tenía un arma.
“Déjame salir a mí primero” dije mientras me estacionaba al lado del tipo.
Antes de que Eric pudiera decir nada, abrí mi puerta y grité, “¡Colton!, Soy Sookie Stackhouse. ¡Sabes quién soy; estoy saliendo y no estoy armada!
“Muévete despacio” sonaba preocupado, y no le culpo.
“Para que sepas, Eric Northman está conmigo, pero él está en el coche todavía”.
“Bien”
Con las manos en alto, me alejé del coche para que pudiera verme bien. La luz del porche del tráiler era la única que le brindaba luz, pero me miró de arriba abajo. Mientras intentaba registrarme con la mirada, la puerta del tráiler se abrió y salió una mujer joven.
“¿Colton, qué pasa?” preguntó con un tono nasal y un acento muy “country”.
“Tenemos compañía. No te preocupes”. Dijo automáticamente.
“¿Quién es ella?”
“La Stackhouse”.
“¿Sookie?” la voz pareció sorprendida.
“Si” dije. “¿Te conozco? No llego a verte bien”.
“Soy Audrina Loomis”, dijo. “¿Me recuerdas? Salí con tu hermano un tiempo en la escuela secundaria”.
Al igual que la mitad de las chicas de Bon Temps, por lo que eso no ayudaba mucho. “Ha pasado un tiempo”, dije cuidadosamente.
“¿sigue soltero?”
“Si”, dije. “Ah, por cierto, ¿puede salir mi novio, ya?” Ya que estábamos hablando civilizadamente.
“¿Quién es él?”
“Se llama Eric, es vampiro”.
“Genial, seguro, echemos un vistazo”. Audrina parecía ser un poco más descuidada que Colton. Por otro lado, Colton me había avisado de la sangre de hada.
Eric salió del coche, y hubo un momento de silencio mientras Audrina absorbía la magnificencia de Eric.
“Bueno, ok”, dijo Audrina, aclarándose al voz como si se le hubiese secado la boca. “¿Quieren entrar y nos dicen a que vinieron?”
“¿Crees que es conveniente?” le preguntó Colton.
“Él nos podría haber matado seis veces ya”. Audrina no era tan tonta como había parecido.
Recién una vez dentro del tráiler pude ver bien a Audrina, Eric y yo estábamos sentados en un sofá que le faltaban algunos resortes y que estaba cubierto con un cobertor de chenille. Ella tenía las raíces oscuras, pero el resto de su pelo, largo hasta los hombros, era rubio platinado. Tenía puesto un camisón que en realidad no estaba diseñado para dormir con él, era rojo y mayormente transparente. Había estado esperando a Colton con otros planes muy distintos.
Ahora que no me distraía el taparrabos de cuero y sus extraordinarios ojos, Colton parecía más o menos un chico común. Algunos hombres no pueden irradiar atracción sexual si no se quitan la ropa, y Colton era uno de esos. Pero sus ojos era definitivamente inusuales, y él me estaba asesinando con su mirada ahora, aunque no de manera sexy.
“No tenemos sangre para ofrecerte”, dijo Audrina “perdón”. No me ofreció nada a mí. Lo estaba haciendo a propósito, me dijo su cerebro. No quería, de ninguna manera, que esto pareciese una reunión social.
Ok. “Eric y yo queremos saber porqué nos avisaste”, le dije a Colton. Y yo quería saber porqué pensé en él cuando Eric me contó la historia sobre Chico y su madre.
“Me enteré de ti” dijo, “Heidi me contó”.
“¿Eres amigo de Heidi?” Eric estaba concentrado en Colton, pero usó una de sus mejores sonrisas en Audrina.
“Si”, dijo Colton, “Trabajé para Felipe en un club en Reno. Conocí a Heidi ahí”.
“¿Te mudaste de Reno por un puesto de trabajo mal pago en Louisiana?” No tenía mucho sentido.
“Audrina era de aquí, y ella quería intentar vivir aquí nuevamente” explicó Colton. “Su abuela vive en un tráiler calle abajo, y está bastante delicada. Audrina trabaja en Vic’s Redneck Roadhouse durante el día como contable. Y yo trabajo de noche en Vampire’s kiss. El coste de vida es mucho más barato aquí. Pero estás en lo cierto, hay otras razones”. Miró a su novia.
“Vinimos por una razón” dijo Audrina, “Colton es el hermano de Chico”.
Eric y yo tardamos un momento en darnos cuenta. “Era tu madre, entonces”, le dije al joven. “Lo siento”. Aunque no sabía nada más de la historia, el nombre me había quedado gravado.
“Si, era mi madre”, dijo Colton. Nos lo dijo con la cara en blanco. “Mi hermano Chico es un idiota que no pensó dos veces al convertirse en vampiro. Dejó su vida anterior como cualquier idiota se hace un tatuaje. “Está bueno, ¡hagámoslo!” y luego continuó siendo un idiota, hablando mierdas a Victor, sin comprender. No lo entendía”. Colton se tomó la cabeza con las dos manos y la movió de lado a lado. “Hasta aquella noche. Luego lo entendió. Pero nuestra madre estaba muerta. Y Chico desearía estarlo también, pero nunca lo estará”.
“¿Y como es que Victor no sabe quién eres?, debería estar receloso de ti”
“Chico tenía un padre distinto, por lo que tenía un apellido distinto”, dijo Audrina para dar tiempo a Colton para que se recupere. “Además, Chico no era del tipo familiar. No había vivido en casa por diez años. Sólo llamaba a su madre una vez cada tantos meses y nunca venía a verla. Pero eso fue suficiente para que  Victor tuviera su brillante idea para mostrarle a Chico que no había firmado un contrato con los Ángeles de California.”
“Más bien los Hell’s Angels”, dijo Colton enderezándose.
Si la comparación molestó a Eric, él no lo demostró. Estoy segura que no fue lo peor que ha escuchado. “Entonces, gracias al empleado de Victor” comenzó Eric, “tú sabías de Sookie. Y sabías como prevenirle cuando Victor nos iba a envenenar”.
Colton parecía enfadado. No debería, pensó.
“Si, hiciste lo que tenías que hacer” le dije, quizás un poco malhumoradamente “Somos personas, también”.
“Tú lo eres” dijo Eric, al leer la expresión de Colton de manera tan clara como yo leo los pensamientos. “Pero Pam y yo no. Colton, quiero agradecerte el habernos avisado y quiero recompensarte. ¿Qué puedo hacer por ti?”
“Puedes matar a Victor”, Colton dijo inmediatamente.
“Qué interesante, eso es exactamente lo que quiero hacer”, dijo Eric.

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