RSS Contact

6 jun. 2011

Sookie 11 Capitulo 11

Sookie 11 - Capitulo 11

Como Merlotte’s estaba casi vacío, mi llegada tarde no causó problemas. De hecho, creo que Sam ni se dio cuenta ya que estaba muy preocupado. Su abstracción me hizo sentir un poco mejor. Me preguntaba si Jannalynn le había inventado alguna historia a Sam para ocultar su malicia, en caso de que yo decidiera quejarme con Sam sobre el hecho de haber metido a un hombre en mi cama. Sam no parecía tener idea de que Jannalynn había hecho su mejor esfuerzo por avergonzarme al aconsejar a su jefe de jugar el juego del cu-cu[1] con mis sábanas.


Aunque me era fácil estar enojada con Jannalynn porque no me agradaba, si lo pensaba bien, Alcide debería haberse dado cuenta en vez de actuar conforme a semejante mal consejo. Si Alcide había sido lo suficientemente estúpido para dar crédito a semejante idea, Jannalynn había sido malvada por haberlo pensado en primer lugar. Ahora entiendo que éramos enemigas. Era mi día para comprender cosas desagradables.
Sam estaba concentrado con las cuentas. Cuando logré entender de sus pensamientos que estaba intentando averiguar cómo pagar las facturas del distribuidor de cerveza, decidí que por hoy tenía demasiados problemas, más de los que podía manejar. No necesitaba enterarse de que su novia me había avergonzado.
Cuanto más lo pensaba, más me daba cuenta de que este tema era entre Jannalynn y yo, independientemente de cuán tentada estaba de contarle a Sam el verdadero carácter de su novia. Me sentí una mejor persona y más inteligente luego de decidir eso, por lo que entregué bebidas y comidas con una sonrisa y alguna palabra amable por el resto del turno. En consecuencia, obtuve buena propina.
Trabaje hasta tarde para compensar horas, y estuvo bien porque Holly llegó tarde también. Eran más de las seis cuando entre a la oficina para llevarme mi bolso. Sam estaba tirado sobre el escritorio, bastante deprimido, “¿necesitas hablar de algo?” le pregunté.
“¿Contigo? Pensé que ya sabrías en que estoy pensando”, dijo, pero no como si eso le molestara. “El bar está en las malas, Sook. Este es el peor momento que ha tenido”.
No se me ocurría nada para decir que no fuera o completamente mentira o sinsentido. Siempre surge algo.  Siempre oscurece antes de amanecer. Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. Todo sucede por alguna razón. En toda vida es necesario un poco de lluvia. Lo que no nos mata, nos fortalece. Finalmente, me acerqué y le di un beso en la mejilla, “llámame si me necesitas”, dije, y salí en dirección al coche sintiéndome preocupada. Puse a trabajar a mi subconsciente en búsqueda de ayuda para Sam.
Amo en verano, pero a veces odio el horario de verano. Aunque había trabajado hasta tarde y estaba volviendo a casa, todavía era pleno día afuera y lo sería por una hora y media más al menos. Incluso luego del atardecer, cuando Pam y Eric pudieran venir a casa, tendríamos que esperar a que Colton saliera del trabajo.
Al entrar al auto, me di cuenta de que podría oscurecer antes de lo usual. Una gran masa de nubes negras al oeste… muy negras se desplazaba rápidamente. El día no terminaría tan lindo y brillante como había comenzado. Recién me había acordado de mi abuela cuando decía “En toda vida es necesario un poco de lluvia me pregunto si no había sido profética.
No le tengo miedo a las tormentas. Jason solía tener un perro que corría escaleras arriba y se escondía debajo de su cama cada vez que escuchaba un trueno. El recuerdo me hizo sonreír. Mi abuela no le gustaba que el perro estuviese en la casa, pero no podía mantener a Rocky fuera. Siempre encontraba la forma de entrar cuando había mal tiempo, aunque esa forma estaba más relacionada con la ternura de Jason que con la astucia del perro. Esa era una característica de mi hermano, siempre ha sido bueno con los animales. Y ahora él es uno, pensé. Al menos una vez por mes. No sabía que pensar de todo eso.
Mientras miraba el cielo las nubes se habían acercado bastante, y yo tenía que volver a casa y asegurarme que mis huéspedes expulsados habían cerrado las ventanas.
A pesar de estar ansiosa, me di cuenta de que necesitaba cargar el coche. Mientras lo cargaba, me salí debajo del techo de la estación Grabbit Kwik para mirar hacia arriba. El cielo estaba impresionante, y me pregunté si estábamos en peligro de tornado. En ese momento desee haber estuchado el canal del tiempo esa mañana.
Empezó a soplar viento, y la basura empezó a volar por el estacionamiento. El aire estaba tan cargado y húmedo que el pavimento comenzó a oler. Cuando terminé de cargar, me alegré de dejar la manguera  y subirme al coche. Vi pasar a Tara, y ella me miró y saludó. Me acordé de su inminente fiesta del bebe y los bebes por venir, con un poco de culpa. Aunque ya había arreglado todo para la fiesta, no había pensado en ello en toda la semana y ¡faltaban sólo dos días! Seguramente, ¿debería estar concentrando en el evento social y no en un plan de asesinato?
Estaba en un momento en que mi vida parecía… complicada. Unas cuantas gotas de lluvia golpearon el parabrisas del coche cuando me iba del estacionamiento. Esperaba tener suficiente leche para el desayuno porque no me había fijado antes de salir de casa. ¿Tenía sangre embotellada para ofrecerles a los vampiros? Por si acaso, me pasé por Piggly Wiggly y compré. También me llevé un poco de leche y bacon. Hacía mil años que no me hacía un sándwich de bacon, y Terry Bellfleur me había traído unos tomates recién cosechados.
Tiré las bolsas de plástico en el asiento delantero y me metí en el auto, porque la lluvia había empezado a caer como martillazo. La espalda de mi camiseta estaba empapada y la cola del pelo la tenía pegada al cuello. Busqué en los asientos de atrás el paraguas y lo puse delante. Era un paraguas viejo, uno que usaba mi abuela cuando venía a verme jugar softball; cuando miré las líneas verdes, negras y cereza gastadas, se me dibujó una sonrisa.
Conduje a casa despacio y cuidadosamente. La lluvia golpeaba mi coche y rebotaba en el pavimento. Los faros de mi coche apenas si llegaban a iluminar en la lluvia y oscuridad. Me fijé en el reloj del salpicadero. Ya eran más de las siete. Por supuesto que tenía mucho tiempo hasta que se juntase el comité de asesinato de Victor, pero sería un alivio llegar a casa. Me puse a considerar la corrida que debería hacer desde el coche hasta la casa. Si Dermont ya se había ido, habría dejado la puerta del porche trasero cerrada con llave. Estaría completamente expuesta a la lluvia mientras intentara abrir con las llaves y las dos bolsas pesadas de compras. No era la primera vez que pensaba en gastar mis ahorros – el dinero de la herencia de Claudine y una suma menos del legado de Hadley (Remy no había llamado por lo que asumía que realmente no quería el dinero de ella)- en una cochera cubierta adjunta a la casa.
Estaba pensando donde pondría dicha estructura, y cuanto me costaría construirla mientras estacionaba en la parte de atrás de la casa. ¡Pobre Dermont! Al pedirle que hoy no esté en la casa lo había condenado a una noche miserable y mojada en el bosque. Al menos, yo creía que lo consideraría miserable. Las hadas tienen otro parámetro muy distinto al mío. Le podría prestar mi coche y quizás podría ir a lo de Jason.
Miré por el parabrisas en busca de la luz de cocina que indicara que Dermont todavía estaba ahí.
Pero la puerta del porche trasero estaba abierta. No podía ver bien por la oscuridad para enterarme si la puerta de la casa también estaba abierta.
Mi primera reacción fue indignarme. Es muy descuidado de Dermont, pensé, Quizás debería haberle pedido que se vaya también. Pero lo volví a considerar. Dermont nunca había sido tan descuidado, y no había razón para pensar que comenzaría hoy. En vez de estar irritada debería preocuparme.
Quizás debería hacer caso a la alarma que sonaba en mi cabeza.
¿Sabes que sería inteligente? Poner el coche en marcha atrás y huir de allí. Arranqué la mirada de la atrayente puerta abierta. Como impulsada, puse el coche en marcha atrás e intenté girar el volante para dar la vuelta por el camino.
Del bosque, un árbol de tamaño considerable cayó al camino y yo clavé los frenos.
Conozco una trampa cuando la veo.
Desvié le coche y abrí la puerta. Mientras intentaba salir, una figura salió tambaleándose de los árboles y corrió hacia mí. La única arma que tenía era el cuarto de leche en la botella de plástico, agarré la bolsa de plástico y la revoleé alto. Para mi sorpresa, hizo contacto, y la botella explotó y despidió leche para todos lados. Absurdamente, tuve un flash de furia por el desperdicio, y salí trasteando hacia los árboles, mis pies se resbalaban en el césped mojado. Gracias a dios que tenía zapatillas. Corría por mi vida. Puede que haya caído, pero no se quedaría caído, y quizás había más de uno. Estaba segura de haber visto movimiento con mi vista periférica.
No sabía si la emboscada era para matarme, pero no me iban a invitar a jugar al Monopoly.
En segundos quedé empapada por la lluvia y el agua que me salpicaba de los arbustos mientras huía por el bosque. Si lograba salir viva de esta, juro que comenzare a correr por la pista de la escuela nuevamente, porque me estaba costando muchísimo respirar. La maleza crecida en verano era espesa y las ramas se arrastraban por todos lados. No me había caído, pero era cuestión de tiempo.
Estaba intentando pensar, lo cual sería conveniente, pero parecía estar poseída por la mentalidad del conejo. Correr y esconderse, correr y esconderse. Si me estaban por secuestrar hombres-lobos, estaba perdida porque ellos pueden rastrearme por el bosque en segundos si están en forma de hombre, aunque el clima podría atrasarlos un poco.
No podían ser vampiros, el sol no se había puesto.
Las hadas hubiesen sido mucho más sutiles.
Entonces, eran humanos. Me escabullí por la periferia del cementerio, ya que en un área plana sería fácil de ver.
Escuché ruido en el bosque detrás de mí, y me dirigí al único santuario que podría ofrecer un buen escondite. La casa de Bill. No tenía tiempo suficiente para escalar un árbol. Me parecía que había saltado del auto hacía una hora. ¡Mi cartera, mi teléfono! ¿Por qué no agarré el teléfono? Podía ver la cartera en el asiento delantero del coche. Mierda.
Ahora corría colina arriba, así que estaba cerca. Hice una pausa en el viejo roble, unas diez yardas del porche y miré alrededor. Ahí estaba la casa de Bill, oscura y silenciosa en la lluvia. Cuando Judith estaba viviendo allí, un día dejé mis copias de las llaves de Bill en el buzón. Me había parecido lo correcto. Pero esa misma noche, él me había dejado un mensaje en la contestadora diciendo donde guardaba las llaves de emergencia. Nunca hablamos del tema.
Fui corriendo hasta el porche, encontré la llave encintada debajo del apoya brazo de la silla de madera que estaba afuera y abrí la puerta. Mis manos temblaban tanto que es increíble que no se me cayeran las llaves y que acertara desde el primer intento. Estaba a punto de entrar cuando pensé, huellas. Dejaría huellas de agua a donde fuera dentro de la casa. Estaría publicando mi ubicación como cartel de oferta del Kmart. Agachada cerca de la baranda del porche, me saqué la ropa y las zapatillas, y las deje detrás de una azalea al lado de la casa. Estrujé la cola del pelo. Me sacudí con brío como un perro, para sacarme la mayor cantidad de agua de encima como era posible. Luego entré en la quietud de la vieja casa Compton. Aunque no tuve tiempo de meditarlo, me sentía definitivamente extraña estando desnuda en la entrada.
Me miré los pies. Un charco de agua. Froté los pies en el charco y di un paso grande sobre la alfombrilla gastada del hall que se dirige a la cocina. Ni siquiera miré en la sala de estar (que Bill a veces llama sala) o en el comedor.
Bill nunca me había dicho donde dormía exactamente donde dormía durante el día. Entiendo que semejante información era un gran secreto para los vampiros. Pero soy bastante despierta, y tuve tiempo suficiente mientras salíamos juntos para averiguarlo. Aunque estaba segura de que había más de un lugar, había uno que estaba en algún lugar de la despensa de la cocina. Había remodelado la cocina y había instalado un jacuzzi y creado una zona de spa, en vez de zona de cocina –que él no necesitaba- aunque había dejado una pequeña habitación por separado. No sé si había sido una despensa o la habitación del mayordomo. Abrí las puertas venecianas nuevas, entré y volví a cerrar. Hoy las extrañamente altas estanterías tenían unos packs de seis de sangre embotellada y un destornillador. Golpeé el suelo, en la pared. Con el pánico que tenía y el ruido de la tormenta de afuera no notaba ninguna diferencia en el ruido. Dije, “Bill déjame entrar. Donde estés, déjame entrar”, como si fuese un adusto personaje de una historia de fantasmas.
No oí nada, obviamente, aunque estuve atenta escuchando por unos segundos en inmovilidad total. No habíamos compartido sangre por mucho tiempo y todavía era de día, aunque no lo sería por mucho tiempo.
Mierda, pensé. Luego encontré una pequeña línea entre las maderas justo en el alféizar de la puerta. Miré bien y me di cuenta de que la ranura continuaba para los costados. No tenía tiempo para continuar examinando. Con el corazón en la boca, por puro instinto y desesperación, metí el destornillador en la ranura e hice palanca. Apareció un agujero y me metí allí, con el destornillador, y cerré la puerta después. Me di cuenta de que los estantes estaban altos para permitir que se abra la puerta hacia arriba. No sabía dónde estaban las bisagras pero tampoco me importaba.
Por un largo rato, me quedé sentada sobre la tierra, desnuda y jadeante, intentando recuperarme. No me había movido tan rápido y por tanto largo rato desde… desde la última vez que había estado huyendo de alguien que quería matarme.
Tengo que cambiar mi vida, pensé. No era la primera vez que lo pensaba, ni la primera vez que me había propuesto cambiar a una forma más segura de vida.
No era el momento de ponerse a meditar. Era hora de rezar que quien sea que estuviese tirando árboles en mi entrada, ese mismo “quiensea” no me encuentre en esta casa, completamente desnuda e indefensa, escondida en este agujero con… ¿dónde está Bill? Por supuesto que estaba oscuro con la portezuela cerrada, y como no había ninguna luz encendida en la casa, no entraba nada de luz por las rendijas debido a la puerta de la despensa y la tormenta afuera. Palmeé alrededor en la oscuridad, en búsqueda de mi anfitrión involuntario. ¿Quizás estaba en otro escondite? Me sorprendió lo grande que era el escondite. Mientras buscaba, tuve tiempo para imaginar todo tipo de bichos. Víboras. Cuando estás totalmente desnuda, no te agrada la idea de las cosas que tocan zonas que rara vez tocan el suelo desnudas. Gateaba y palmeaba, y cada tanto me asustaba cuando sentía (o imaginaba) pies diminutos sobre mi piel.
Finalmente encontré a Bill en una esquina. Todavía seguía muerto, por supuesto. Para mi sorpresa, mis manos me informaron que también estaba desnudo. Desde luego que era práctico. ¿Para qué ensuciarse la ropa? Yo sabía que a veces dormía así afuera. Me sentí tan aliviada en encontrarlo que realmente no me importó que tuviese o no ropa.
Intenté adivinar cuanto había tardado el viaje de vuelta de Merlotte’s, cuanto el recorrido por el bosque. Mi cálculo más aproximado me decía que todavía faltaban unos treinta o cuarenticinco minutos para que Bill despertara.
Me agaché junto a él, con el destornillador en las manos, a la escucha con cada nervio de cualquier sonido. Puede ser que ellos, el misterioso “ellos”, no encontrasen mi rastro hasta aquí o mi ropa. Si seguía con la misma suerte, por supuesto que encontrarían la ropa y zapatillas, sabrían que había entrado en la casa y entrarían también.
Me indigné un poco en el hecho de que había corrido hacía el primer hombre para que me proteja. Sin embargo, no eran tanto sus músculos lo que quería, sino la protección de su casa me dije consolándome. ¿Eso estaba bien, no? No estaba muy preocupada con la rectitud de los hechos en ese momento. Sobrevivir estaba primero en la lista. Y Bill no estaba precisamente a mi disposición, asumiendo que estaría dispuesto…
“¿Sookie?” murmuró.
“Bill, gracias a Dios que estás despierto”
“No estás vestida”.
Seguro que un hombre mencionará eso primero. “Por supuesto, y te cuento porqué-“
“No me puedo levantar todavía” dijo “debe estar… ¿nublado?”
“Si, gran tormenta, está oscuro como el diablo afuera, y hay gente…”
“Bueno, hasta luego” y se durmió nuevamente.
¡Mierda! Así que me acurruqué junto a él y escuché. ¿Había dejado la puerta sin llave? Por supuesto que sí. Y en el momento en que me di cuenta, oí un ruido arriba. Estaban en la casa.
“…no hay gotas” dijo una voz, probablemente desde la entrada. Comencé a gatear hasta la portezuela para escuchar mejor… pero paré. Había, al menos, una posibilidad de que si encontraban la portezuela del agujero y la abrían, no me verían a Bill y a mí. Estábamos muy sobre la esquina, y el lugar era grande. Quizás había sido algún tipo de bodega, o lo más parecido a una bodega como se podía lograr en una casa con un nivel freático tan alto.
“Si, pero la puerta estaba abierta. Debe haber entrado aquí” era una voz nasal, y estaba un poco más cerca que antes.
“Y voló sobre el piso, sin dejar huellas””¿con la lluvia que está cayendo afuera?” la voz sarcástica era un poco más grave.
“No sabemos que es” dijo el tipo nasal.
“Un vampiro no, Kelvin. Eso lo sabemos”.
Kelvin dijo, “Quizás es un cambia formas pájaro o algo así, Hod”
“¿Un cambia-formas pájaro?” El resoplido de incredulidad hizo eco por toda la casa, Hod sabía ser sarcástico.
“¿Viste las orejas de aquel tipo? Eso si que era bastante increíble. Ya no se puede descartar nada” Kelvin sugirió a su compañero.
¿Orejas? Estaban hablando de Dermont. ¿Qué le habían hecho? Estaba avergonzada. Esta era la primera vez que pensaba en que le podía haber pasado a mi tío abuelo.
“SI, ¿Y? Puede que sea de esos raritos fanáticos de la ciencia ficción” Hod no parecía estar prestando mucha atención a lo que estaba diciendo. Escuché como abrían y cerraban cajones. De ninguna manera que podía estar ahí yo.
“No, hombre, estoy seguro de que eran reales. No tenía cicatrices o nada. Quizás debería haberle sacado una”.
“¿Sacado una?” yo temblaba.
Kelvin, que estaba más cerca de la despensa que Hod, agregó “voy arriba a revisar las habitaciones allí”. Oí el sonido de sus botas alejarse, el sonido distante de la escalera, y el sonido apagado de sus pisadas en la alfombra. Muy a lo lejos pude seguir sus movimientos en el segundo piso. Supe cuando estaba justo arriba mío, en la habitación que entiendo era la principal, donde dormía yo cuando salía con Bill.
Mientras Kelvin no estaba, Hod fue de aquí para allá, aunque a mi parecer lo hacía sin ganas.
“Bueno… no hay nadie aquí”, anunció Kelvin cuando volvió a la cocina. “Me pregunto, ¿Por qué hay un jacuzzi en la casa?”
“Hay un coche fuera”, Hod dijo pensándolo. Su voz estaba mucho más cerca, justo detrás de la puerta abierta de la despensa. Él estaba pensando en volver a Shreveport y tomarse una ducha caliente, ponerse ropa seca y quizás tener sexo con su mujer. Eu. Demasiados detalles con eso. Kelvin era más prosaico. Él quería que le paguen, por lo que quería entregarme. ¿A quién? Mierda, no estaba pensando en eso. Se me cayó el alma a los pies, aunque hubiese jurado que ya estaba allí. En mis pies descalzos. Estaba contenta de haberme pintado las uñas de los pies recientemente. ¡Irrelevante!
De repente, una luz brillante apareció por la ranura de la portezuela o trampilla o como sea que Bill la llame. Habían encendido la luz de la despensa. Me quedé tan quieta como un ratón, intenté respirar despacio y en silencio. Pensé en lo mal que se sentiría Bill si me mataban justo a su lado. ¡Irrelevante!
Aunque así fuese.
Escuché un crujido y entendí que uno de los hombres estaba parado justo arriba mío. Si hubiese podido apagar mi mente, lo hubiese hecho. Estaba tan consciente de la vida en la mente de las personas que me costaba mucho entender que alguien pudiese ignorar un cerebro consciente, en especial uno tan nervioso como el mío.
“Sólo hay sangre aquí” dijo Hod, tan cerca que me sorprendió. “Del tipo embotellada. ¡Hey Kelvin, esta casa debe ser de un vampiro!”
“No hace ninguna diferencia mientras que él no esté despierto. O ella. ¿Hey, alguna vez te acostaste con una vampiro?”
“No, y no quiero. No me gusta tirarme gente muerta. Claro que algunas noches, Marge no es mucho más que eso”.
Kelvin se rió. “Mejor que no te escuche decir eso”.
Hod se rió también, “No va a pasar”.
Y salió de la despensa. No apagó la luz, ¡idiota derrochador! Evidentemente, el hecho de que Bill se enterase de que alguien había estado allí no le importaba a Hod. Era muy estúpido.
Y luego se despertó Bill. Esta vez estaba un poco más alerta, y en cuanto lo sentí moverse me agaché encima de él y le tapé la boca. Se tensaron sus músculos, y tuve tiempo de pensar ¡Oh, no! Antes de que me oliese y conociera. “¿Sookie?” dijo pero no a todo volumen.
“¿Escuchaste algo?” Hod dijo sobre mi.
Un largo momento para poder escuchar intensamente. “Shh” le susurré al oído a Bill.
Una mano fría me toco y recorrió la pierna. Pude, nuevamente,  sentir la sorpresa de Bill cuando se dio cuenta… nuevamente, de que estaba desnuda. También supe que al escuchar una voz arriba le penetró su conciencia.
Bill estaba dándose cuenta de la situación. No sé que le estaba resultando, pero él sabía que estábamos en problemas. También sabía que había una mujer desnuda sobre él y algo se le movió. Exasperado y entretenido al mismo tiempo, tuve que contener una risa. ¡Irrelevante!
Y luego se quedó dormido otra vez.
¿Se pondría el sol de alguna vez? El hecho de que salía y se escondía me estaba volviendo loca. Era como salir con alguien con problemas de memoria a corto plazo.
Y me había olvidado de escuchar y tener miedo.
“Na…, no oigo nada” dijo Kelvin.
Yacer encima de mi  anfitrión involuntario era como estar sobre un almohadón frio, duro y con pelo. Y con una erección. Por lo que parecía la décima vez, Bill se despertaba.
Resoplé silenciosamente. Esta vez Bill estaba completamente despierto. Puso sus brazos a mi alrededor, pero fue lo suficientemente caballero para no moverse o explorar, al menos por ahora. Ambos estábamos escuchando, había oído la voz de Kelvin.
Finalmente, dos pares de pisadas atravesaron el piso de madera, y sentimos la puerta de entrada abrirse y cerrarse. Me derrumbé de alivio. Los brazos de Bill se tensaron y rodó para quedar arriba.
“¿Es navidad?” preguntó, apoyado contra mí. “¿Eres un regalo anticipado?”.
Me reí, pero igual mantuve la voz baja, “Sientro haber molestado Bill” dije muy bajo, “pero venían por mí”, expliqué brevemente, asegurándome de contarle donde estaba mi ropa y porqué estaban allí. Puede sentir un pequeño suspiro, y me di cuenta que se estaba riéndo silenciosamente “estoy muy preocupada por Dermont” dije. Había estado hablando casi en susurros, lo cual hacía la oscuridad curiosamente íntima, sin mencionar la gran zona de piel que estábamos compartiendo.
“Has estado aquí un tiempo”, dijo casi con tono de voz normal.
“Si”.
“Voy a salir para asegurarme de que se han ido, ya que no me dejarás abrir temprano” dijo Bill, y tardé un minuto en darme cuenta. Y me encontré sonriendo en la oscuridad. Bill se despegó de mí muy gentilmente, y vi su blancura moverse en la penumbra. Se tomó un momento para escuchar y abrió la portezuela. Una luz artificial violenta entró. Fue tal el contraste que tuve que cerrar los ojos y dejarlos ajustarse. Cuando ya estaban preparados, Bill ya se había deslizado hasta la casa.
No oía nada, por más atención que pusiera. Me cansé de esperar, sentía que estaba agachada allí hacía una eternidad, y salí por la portezuela con mucha menos gracia y mucho más ruido que Bill. Apagué las luces que Hod y Kelvin habían dejado encendidas, en parte porque las luces me hacían sentir doblemente desnuda. Miré cuidadosamente por la ventana del comedor. En la oscuridad era difícil estar segura, pero creí ver que los árboles ya no se sacudían con el viento. La lluvia continuaba sin menguar. Vi un relámpago dirección norte. No vi a los secuestradores o cuerpos o nada que no perteneciera al terreno mojado.
Bill parecía no tener ningún apuro en volver a decirme que estaba pasando. La vieja mesa del comedor estaba cubierta con un tipo de mantón con flecos, que saqué de la mesa y me puse alrededor. Esperaba que no fuese algún tipo de bien de familia Compton. Tenía agujeros y dibujos de flores grandes, por lo que no estaba muy preocupada.
“Sookie” dijo Bill a mis espaldas y yo salté y grité.
“¿Podrías por favor, no hacer eso?” dije “ya tuve suficientes sorpresas desagradables hoy”.
“Perdón” dijo. Tenía una toalla de cocina en la mano y se estaba secando el pelo. “Entré por la puerta de atrás”.  Seguía desnudo, pero era ridículo decir algo al respecto, ya había visto a Bill desnudo montón de veces. Me miraba de arriba abajo, con una expresión de intriga. “Sookie, ¿tienes puesto el mantón español de mi tía Edwina?” preguntó.
“Uy,Perdón” dije. “En serio Bill, estaba allí y yo tengo tanto frío y estoy tan mojada y queriendo cubrirme. Te pido perdón”. Pensé en sacármelo y devolvérselo, pero lo reconsideré en el momento.
“Te queda mejor a ti que a la mesa”, dijo “además, tiene agujeros. ¿Estás lista para volver a tu casa y ver que le pasó a tu tío abuelo? ¿y dónde está tu ropa? Seguro… ¿acaso te la quitaron aquellos hombres? ¿Te han… estás herida?”
“No, no” dije apresurada. “te dije que tuve que dejar la ropa empapada, así ellos no verían las gotas. La ropa está adelante, detrás de los arbustos. No podía dejarla a plena vista, por supuesto.”
“Cierto” dijo Bill. Parecía pensativo. “Si no te conociera bien, pensaría que, perdón si te ofendo, inventaste toda esta historia para poder acostarte conmigo nuevamente”.
“Ah, ¿tú dices que podrías pensar que inventé esta historia así podía aparecer desnuda y necesitando ayuda, la damisela en aprietos, que necesita que su fuerte e igualmente desnudo vampiro Bill la rescate de los malvados secuestradores?”
El asintió un poco avergonzado.
“Ojalá tuviese suficiente tiempo libre para sentarme e imaginar cosas como esa” yo admiraba la mente que pudiese inventar semejante vuelta para querer lo que quería. “Creo que con sólo golpear a tu puerta y lucir triste y sola me llevaría a donde quisiera ir, si ese fuese mi objetivo. O simplemente podría decir, ¿Te parece si…, machote?, no creo que necesite estar desnuda y en peligro para ponerte lujurioso. ¿Verdad?”
“Tienes toda la razón” dijo, y sonreía un poco. “Y cuando quieras intentar cualquiera de las otras posibilidades, estaré contento de jugar mi parte. ¿Tengo que pedirte perdón nuevamente?”
Yo le devolví la sonrisa, “no es necesario. ¿No tendrás botas de lluvia?”
Por supuesto que no tenía, pero si tenía un paraguas. Luego buscó mi ropa de entre los arbustos. Mientras yo estrujaba la ropa y la metía en la secadora, él subió a su habitación, en la que nunca dormía, para ponerse unos jeans y una camiseta sin mangas –muy dejado para Bill.
Mi rota tardaría mucho en secarse, por lo que vestida con el mantón español de la tía Edwina y bajo la protección del paraguas azul de Bill, me subí a su coche.
Salió por la calle Hummingbird hasta mi casa. Bill paró el coche y se bajó para quitar el tronco del árbol de la entrada, tan fácilmente como se levanta un escarba dientes.  Retomamos el camino a mi casa, parando en mi pobre coche que tenía la puerta del conductor todavía abierta para la lluvia. El interior estaba empapado, pero mis posibles secuestradores no habían hecho nada, la llave todavía estaba en el arranque, mi cartera en el asiento delantero con las compras.
Bill miró la botella de la leche rota y yo pensé a cuál de los dos había golpeado, Hod o Kelvin.
Ambos paramos en la puerta trasera, pero mientras yo recogía la bolsa de las compras y mi cartera, Bill ya estaba entrando en la casa. Tuve un segundo pensamiento preocupante de cómo secaría el interior de mi coche, cuando me forcé en concentrarme en la crisis del momento. Pensé en lo que le había sucedido al hada Cait, y la preocupación por el tapizado interior del coche desapareció con una rapidez gratificante.
Entré en la casa de forma dificultosa. Tenía problemas con el mantón, el paraguas, la cartera y la bolsa que tenía la sangre embotellada y mis pies descalzos. Podía escuchar a Bill moviéndose por la casa y supe cuando encontró algo porque me llamó, “¡Sookie!” con urgencia.
Dermont estaba inconsciente en el ático, junto a la lijadora que había alquilado, que estaba de lado y apagada. Se había caído para delante, por lo que pensé que había estado de espaldas a la puerta con la lijadora encendida cuando entraron a la casa. Cuando se dio cuenta que no estaba solo, apagó la lijadora, pero era demasiado tarde. Tenía el pelo con sangre coagulada, y la herida parecía horrible. Ellos habían tenido al menos un arma.
Bill estaba agachado, duro, sobre el cuerpo. Sin darse vuelta dijo, “no puedo darle mi sangre”, como si yo lo hubiese pedido.
“Lo sé” dije, sorprendida, “Es hada”. Di la vuelta para ponerme del otro lado de Dermont, quedando en posición para  ver la cara de Bill.
“Aléjate” dije. “Aléjate, ve abajo, ahora”. El olor de la sangre de hada, es intoxicante para los vampiros, parecía para Bill que llenaba el ático.
“Podría al menos, lamerla toda” dijo Bill, con sus ojos negros fijos en la herida, con anhelo.
“No, no pararías. ¡Aléjate, Bill! Vete!” Pero bajó más la cabeza, más cerca de la cabeza de Dermont. Me armé de valor y le abofeteé tan fuerte como pude.
“Tienes que irte” dije, aunque quería disculparme con tanta desesperación, que temblaba. La mirada de Bill era horrible. Enojo, anhelo, la lucha para auto controlarse…
“Tengo tanta hambre” suspiró, sus ojos tragándome. “Aliméntame, Sookie”.
Por un segundo, estaba segura que era el momento de una mala decisión. La peor de las opciones era dejar que Bill mordiera a Dermont. La segunda peor opción era que me mordiera a mí, porque con el olor intonxicante de la sangre de hada en el aire no estaba segura de que iba a poder parar a tiempo. Mientras todo esto se me pasaba por la cabeza, Bill seguía luchando para controlarse. Lo logró… pero por muy poco.
“Voy a ver si ellos se han ido” dijo, tirándose por las escaleras. Hasta su cuerpo estaba en guerra con él. Evidentemente, su instinto le decía de tomar sangre de alguna manera, de alguna forma, de los dos sabrosos y tentadores donantes a mano, mientras que su cabeza le decía que se largue antes de que pasara algo feo. Si hubiese habido una persona de más ahí, no estoy segura de no habérsela dado a Bill, me sentía mal por él.
Pero logró llegar abajo, y oí la puerta cerrarse detrás de él. En caso de que perdiera el control, corrí escalera abajo y cerré con llave ambas puertas traseras, al menos tendría un poco de aviso en caso de que volviese. Miré al salón para asegurarme que la puerta del frente estuviese cerrada con llave como la había dejado. Sí. Antes de volver arriba con Dermont, fui a agarrar la escopeta del armario. Todavía seguía ahí, y me dejé saborear un momento de alivio. Tuve suerte que los hombres no la hubiesen robado. Su búsqueda debe haber sido superficial. Estoy segura de que hubiesen agarrado algo tan valioso como una escopeta si no hubiesen estado buscando algo más grande, a mí.
Con la Benelli en la mano me sentía mejor, y agarré el primer kit de primeros auxilios para llevar arriba. Subí las escaleras rengueando y me arrodillé junto a mi tío abuelo. Ya estaba bastante cansada de tener que manejar el mantón tan grande, que se soltaba en los momentos más inconvenientes. Me pregunté por un momento como hacían las mujeres indias, pero no podía tomarme el tiempo para vestirme hasta que no ayudara a Dermont.
Con un montón de toallitas estériles, le limpié la sangre de la cabeza para poder inspeccionar la herida. No lucía bien, pero ya esperaba eso, las heridas de cabeza son así. Al menos no seguí sangrando tanto. Mientras estaba ocupada con la cabeza de Dermont, tenía un debate interno intenso respecto a llamar una ambulancia. No estaba segura si el personal de ambulancia podrían entrar sin la interferencia de Hod y Kelvin; no, eso no era para preocuparse. Bill y yo habíamos llegado hasta aquí sin que nos paren.
Más importante era que no sabía que tan compatible era la filosofía de las hadas con la técnicas médicas humanas, suficiente era que los humanos y las hadas se podían cruzar, lo cual demostraba que los primeros auxilios humanos estarían bien… Dermont se quejó y se dio vuelta. Pude colocar una toalla debajo de la cabeza justo a tiempo. Hizo un gesto de dolor.
“Sookie” dijo, “¿Por qué tienes puesto un mantel?”


[1] peek-a-boo: juego que usan las madres escondiendo la cara detrás de las sábanas para entretener a sus bebes.

0 comentarios:

Publicar un comentario